XX - Frau Portrait A

Informe de Experiencia 

Aquí pue­des encon­trar un repor­ta­je de Anna, 35 años.

¿Cómo vivis­te los pri­me­ros meses des­pués del naci­mi­en­to? ¿Cómo supis­te que no te sen­tí­as bien?

Viví los pri­me­ros meses des­pués del naci­mi­en­to como un gran desafío y una épo­ca llena de cam­bi­os. El pro­ce­so de naci­mi­en­to fue dife­ren­te a lo que ima­gi­na­ba y me sen­tí a mi mer­ced y fue­ra de con­trol. Inclu­so duran­te el emba­ra­zo no tenía muchas ganas de tener un hijo y des­pués del naci­mi­en­to este sen­ti­mi­en­to aum­en­tó. Físi­ca­men­te no me encon­tra­ba bien y men­talm­en­te esta­ba com­ple­ta­men­te abruma­da. Los sín­to­mas de mi depre­sión pos­par­to apa­re­cie­ron de inme­dia­to; veía a mi hijo como una car­ga y no tenía nin­gu­na con­exión emo­cio­nal con él.

¿Qué pen­sa­mi­ent­os recuer­das espe­cialm­en­te de esa época?

Recuer­do espe­cialm­en­te que­rer recup­erar mi anti­gua vida y pen­sar en cómo podría des­ha­cer­lo todo. Al princi­pio nun­ca lla­mé al peque­ño por su nombre, solo “bebé” o “niño”. Ya no era yo, pero tampo­co lo era nadie más. Estos pen­sa­mi­ent­os y la sen­sa­ción de estar atra­pa­da en un mun­do inter­me­dio desen­ca­den­a­ron en mí gran­des mie­dos existenciales.

Muchas muje­res sien­ten mucha pre­sión en los pri­me­ros días de tener un bebé. ¿Cómo te fue? ¿Qué fue lo que más te presionó?

La pre­sión para hacer todo bien era enor­me. Antes del naci­mi­en­to me había fija­do están­da­res muy altos: lac­tancia mater­na, paña­les de tela, papil­la case­ra, pero la rea­li­dad era com­ple­ta­men­te dife­ren­te. No estuve a la altu­ra de mis idea­les en abso­lu­to, com­bi­n­a­do con mi dolor físi­co y emo­cio­nal, eso me con­vir­tió en un fra­ca­so ante mis pro­pi­os ojos. La ter­a­pia que comen­cé me ayu­dó a ali­vi­ar esta pre­sión y a esta­ble­cer expec­ta­ti­vas más rea­lis­tas para mí.

Algu­nas muje­res infor­man que tienen sen­ti­mi­ent­os ambi­va­len­tes hacia su bebé. ¿Tú tam­bién sen­tis­te eso?

Sí, mis sen­ti­mi­ent­os eran muy ambi­va­len­tes. Por un lado, cuida­ba a mi hijo y siemp­re me ase­gu­ra­ba de que todo estu­vie­ra cuid­ado, pero por otro lado, tenía pen­sa­mi­ent­os obse­si­v­os vio­lent­os e inclu­so bus­ca­ba opcio­nes de adop­ción. Estos sen­ti­mi­ent­os ambi­va­len­tes fue­r­on muy angus­tio­sos para mí.

¿Reci­bis­te tra­ta­mi­en­to en for­ma de ter­a­pia ambu­la­to­ria o hospitalaria?

Sí, la ambi­va­len­cia descri­ta y mis pro­pi­os pen­sa­mi­ent­os sui­ci­das fue­r­on, en últi­ma instancia, las razo­nes de mi admi­sión agu­da. Estuve en ter­a­pia hos­pi­tal­a­ria y en una guar­de­ría duran­te seis meses y lue­go en tra­ta­mi­en­to ambu­la­to­rio duran­te un año. El dia­gnósti­co fue ini­cialm­en­te est­res­an­te, pero finalm­en­te se con­vir­tió en un ali­vio por­que me hizo darme cuen­ta de que no esta­ba sola en mi condición.

¿Con quién estu­vis­te par­ti­cularmen­te cer­ca duran­te tu depre­sión posparto?

Duran­te este tiem­po estuve par­ti­cularmen­te cer­ca de los ter­a­peu­tas. Mi fami­lia no podía enten­der ni apoyar mi situ­ación. Mi mari­do esta­ba pre­sen­te y me ayu­da­ba en la vida coti­dia­na, pero emo­cio­nalm­en­te me sen­tía muy sola e incomprendida.

Cif­ras y Hechos

Hoja infor­ma­ti­va